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Una amiga nos pide que le aclaremos si en 1810 nos independizamos; y si no fue así ¿qué bicentenario estamos festejando?





 Buenos Aires, 25 de mayo de 2010

Estimada Amiga:

 



En 1810 –hace hoy 200 años- en toda América Hispana -o España Americana, como se le decía en documentos de la época- se dieron simultáneamente "asonadas", es decir revoluciones contra el gobierno que en ese momento estaba rigiendo España, que no era otro que el de Don José I Bonaparte, hermano de Napoleón, su invasor.
Ni España ni América querían un rey francés, representante además de la Revolución Francesa, una revolución para algunos subversiva, pues sin ninguna duda, vino a subvertir el orden establecido, es decir el orden monárquico absolutista.

Pero la cosa no era tan sencilla: Este rey -José I- desde 1808, no logró hacer otra cosa más que poner a los españoles en guerra de independencia (es decir en guerra de independencia contra Francia que la tenía tomada).
Tras la invasión y fácil entrega del rey Carlos IV Borbón a Napoleón, el pueblo español desconoció a José I y organizó Juntas de Gobierno para dictar una Constitución y repudiar al "odioso francés" que los había invadido poniendo preso a su verdadero rey Carlos IV. El pueblo consideró cobarde la entrega de Carlos IV sin ofrecer resistencia y deseaba como rey a su hijo Fernando VII, llamado por eso “el deseado”.

Esto tuvo sus repercusiones en la España Americana, pero como dije la cosa no fue tan sencilla. Por aquí , -viendo el modelo de independencia que en 1776 se habían dado los norteamericanos- los criollos comenzaron a pensar en independizarse, no solo de Francia, sino también de España.

Dije que la cosa no era sencilla, y así es porque esta idea ya venía teniendo antecedentes aislados, de muy diferente tenor: levantamientos indígenas, levantamientos de campesinos, argumentaciones de sacerdotes y abogados que redactaban escritos sobre los abusos de España, logias masónicas que luchaban contra el poder de la Iglesia y se reunían secretamente para imponer los principios de la revolución francesa...etc., etc.

Ocurre que en aquel 1810 los españoles constituyeron Cortes para dictar una Constitución que organizara mejor las cosas y discutir entre todos qué se hacía con el "irritante francés" Don José I.
Para ello citaron a una reunión en Cádiz.

Pero una vez allí se encontraron con que los hispanoamericanos no solo se quejaban de los franceses sino también de los abusos de los españoles peninsulares
Como te imaginarás esto provocó roces y el apoyo a las sucesivas asonadas que fueron resonando unas entre otras desde 1809 hasta 1811 (recordemos que todo el lío lo inicia Napoleón cuando invade España en 1808)

Nosotros –el entonces Virreinato del Rio de la Plata- fuimos los terceros en orden, de esas asonadas.

La primera (aunque doble) fue en Bolivia (en Chuquisaca increíblemente ¡el 25 de mayo de 1809! y después en La Paz) , la segunda fue en Caracas, Venezuela en abril de 1810; la tercera asonada en el Rio de la Plata -25 de mayo de 1810-, luego vinieron otras en Colombia, Ecuador, México, etc.

Quitamos el gobierno virreinal y pusimos Juntas Constitutivas criollas, algunas de ellas reconociendo incluso a Fernando VII como rey.

Cuando los españoles lograron sacarse a Bonaparte de encima en 1813, iniciaron la recuperación de las plazas perdidas en América, ya que Fernando VII, cuando fue liberado por Napoleón, y ya elegido rey, no aceptó las Juntas Constitutivas, ni las españolas ni las americanas, por ser un absolutista convencido. Entonces se inició la "guerra de independencia hispanoamericana", cuando todavía en cada plaza del continente, ni siquiera habíamos logrado declarar la independencia formalmente.

Recordemos que Don José de San Martín llega en 1812 por aquí y eso fue muy importante ya que fue él, junto a Belgrano, Güemes y Brown, el brazo armado de la revolución y padre de la guerra de independencia, en las Provincias Unidas del Rio de la Plata.

Por otro lado, tenemos el orgullo de ser la UNICA plaza que los españoles no pudieron recuperar en América.
Por eso en 1816 pudimos declarar, con papeles y todo, nuestra independencia, en un Congreso –el de Tucumán-, como corresponde hacerlo cuando se quieren hacer bien las cosas.
Mientras tanto, todos nuestros hermanos latinoamericanos volvían a ser españoles y debieron luchar doblemente para echar al poder español definitivamente de estas tierras.
Esto se hizo mediante una inteligente estrategia “de pinzas” a partir de 1815. San Martín por el Sur y Bolívar por el Norte iniciaron casi simultáneamente sus campañas, hasta encontrarse en 1822 en Guayaquil. Tras ponerse de acuerdo en esa plaza, Bolívar siguió y venció definitivamente a España gracias al desempeño del mariscal Antonio José de Sucre  en los gloriosos campos de Ayacucho –Pampa de Quinua, Perú - en 1824.
Victoria que fue definitiva por lo menos para la América del Sur.



Repasemos:
  • 1808: Francia invade España. El rey se entrega, el pueblo español no.
    Lucha y busca un gobierno propio, nacido del poder que –ante la cobardía del rey- vuelve al pueblo. Se crean así Juntas de Gobierno.
  • 1809: Comienzan las asonadas en América. Chuquisaca y la Paz en Bolivia
  • 1810: Principales asonadas: en Venezuela, Argentina, Ecuador, México
  • 1811: Más asonadas: Chile, Banda Oriental del Rio de la Plata –Uruguay-
  • 1812: Llega San Martín a Bs. As.
  • 1813: Se va José I de España, retorna Fernando VII
  • 1815: Bolívar y San Martín inician la guerra por Independencia.
  • 1816: Las Provincias Unidas de América del Sur, declaran su independencia de España.
  • 1824: Bolivar, el Libertador, vence en Ayacucho. España pierde definitivamente las colonias suramericanas, tras 300 años de colonización.


Para más información hay aquí un blog sobre el tema. La historia nunca es sencilla de contar; si te interesa podés recorrer las páginas que te cuentan todo esto en detalle y en donde vas a encontrar  fragmentos de documentos originales de la época:

¡Afectuosos saludos para vos!






 
Juana Manso fue una gran escritora, historiadora, educadora y probablemente la primera feminista argentina. Escribió el primer Compendio de Historia Argentina y fue autora de novelas históricas. Su padre José María Manso, participó de las Batallas por la Revolución de 1810. Fue maestra de maestras junto a Sarmiento.
Es la autora del drama teatral La Revolución de Mayo de 1810 , del cual son los fragmentos que a continuación se transcriben.
Los textos son fruto d
e su investigación histórica.

La Revolución de Mayo de 1810


ESCENA III

Corregidor.- ¡Gran fantasma es el pueblo para intimar a los crédulos! No creo en eso que se llama pueblo, y que no pasa de un puñado de sediciosos.
Oficial.- (Entrando) Los jefes de los cuerpos llegan.

ESCENA IV
Síndico.- Señores Jefes de la fuerza armada: sabéis las graves cuestiones que agitan a esta población, desde las infaustas nuevas que llegaron desde la Metrópoli; ellas han alterado sensiblemente el orden de la sociedad, amenazando derrocar la propia autoridad del poder Supremo del Cabildo si no se presta a ser el instrumento de una sedición que, en su inquietud se ensaña contra la persona del Excmo. Sr. Virrey (…) por ser persona que aquí llegó investida de la autoridad real, por otro lado la una representación que se dice firmada por el pueblo, viene a imponernos su voluntad, y aún ha pocos momentos, un grupo de sediciosos, capitaneados por el joven French, ha subido hasta aquí, a repetirnos sus amenazas, a increparnos y a amenazarnos, en fin. (…)
Rodríguez.- (levantándose): ¡Ha llegado Señores, el momento decisivo; el pueblo no es un fantasma, no es un puñado de sediciosos, es una entidad real que levanta en este momento su brazo gigante sobre todas las cabezas! Si nosotros hijos de esta tierra, no fuésemos una fracción de ese coloso que se llama el pueblo; si enceguecidos por el error deplorable que os extravía, quisiéramos tener a raya el torrente que se ha desbordado, solo habríamos conseguido ser sus primeras víctimas. (…) (Golpes abajo)
French.- (desde afuera golpeando la puerta) ¡El pueblo quiere saber de lo que se trata!...
Rodríguez.-¡Oíd Señores! , esa mano de hierro que golpea es la del pueblo…, el tiempo urge. (Siguen los golpes en la puerta y el tumulto) ¿Qué se contesta?
Caspe.-¡Así no se puede deliberar!
Voces.- (Desde afuera) ¡Viva Don Martín Rodriguez!, ¡Viva Saavedra!, ¡Viva Buenos Aires! ¡Abajo Cisneros! ¡Abajo el Cabildo!
Síndico.- ¡Es necesario ceder! Hay que nombrar una nueva Junta (golpes recios)
Beruti.- (Fuera) ¡Abrid al Tribuno del Pueblo! (Siguen golpes y tumultos)
Saavedra.- ¡Es necesario abrir!
Síndico.- (Al Alguacil) ¡Que se abran las puertas!

Obra de Francisco Fortuny


ESCENA V

French.- ¡Señores! ¡Volvemos a la barra del Ayuntamiento, no como peticionarios! Somos embajadores del pueblo soberano. El Pueblo ha reasumido su soberanía natural; retira sus poderes al Cabildo; y viene a declararos, por mi órgano, su voluntad. No necesitamos del Cabildo para nombrar la Junta que nos ha de gobernar; nuestro correligionario Beruti, acaba de confeccionar esta lista, que circulando con la velocidad del rayo, ha obtenido el sufragio universal. Los miembros del nuevo gobierno serán: (leyendo) Saavedra, Castelli, Belgrano, Azcuénaga, Alberti, Matheu, Larrea, Paso y Moreno. Ordenamos también que marche una expedición militar a las provincias, llevando las órdenes de la nueva autoridad.
Síndico.- ¡Señores! ¡No creo en el Pueblo!, ¿Dónde está el Pueblo!
French.- ¡Delante de sus ojos!
Síndico.- ¡Quiero ver el que hay en la Plaza! (Sale al balcón) ¡No veo sino media docena de grupos!
French.- ¡Pues, mande tocar la campana del Cabildo y verá si se reúne el pueblo!¡ Y si la campana del Cabildo está sin badajo, yo haré tocar la generala! (Sale corriendo uno del grupo) ; abriré los cuarteles, y entonces, el Cabildo verá al Pueblo! ( Se oye la generala y a la vez la campana que toca a rebato; confusión del Cabildo, agitación en la escena) ¡Asómese ahora, Señor Síndico Procurador!
Síndico.- Ruego a los Señores Corregidores, vuelvan a sus puestos (Cesan las campanas y la generala). Señores, bajo la presión popular, solo resta al Cabildo, llenar sus últimos deberes. Declaro que no hay otra autoridad que la que está deliberando en la plaza pública; que los Señores Mansilla y Anchorena pasen al Fuerte a significar al Virrey que desaloje la residencia gubernativa (Se levantan y salen) Voy a proclamar la nueva Junta (…)
(…)
Fuera.- ¡Viva la Nueva Junta Soberana! ¡Viva la Patria!
Juana Manso de Noranha
(Escrito en 1864)


Acta de la instalación de la Junta Gubernativa
[24 de Mayo de 1810]




"En la muy noble y muy leal ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 24 de Mayo de 1810: estando congregados a la hora señalada en su Sala Capitular los Señores del Exmo. Cabildo Gobernador, y colocados bajo de docel, con sitial por delante y en él la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios, comparecieron el Exmo. Sr. Presidente y Señores Vocales electos de la Junta Provisoria Gubernativa, D. Baltazar Hidalgo de Cisneros, D. Cornelio de Saavedra, Dr. D. Juan Nepomuceno de Sola, Dr. D. Juan José, Castelli y D. José Santos de Inchaurregui: ocuparon los respectivos lugares que se les tenían designados, siendo el del Exmo. Sr. Presidente en el cuerpo capitular, a la derecha del Señor Alcalde de primer voto; y este arengó al concurso, que se componía de algunos Señores Ministros de la Real Audiencia, Contadores Mayores, Reverendo Obispo, Ministros de Real Hacienda, Dignidades y Prebendados, Prelados de las religiones, Jefes Comandantes de los cuerpos y empleados; haciéndoles entender el fin de aquella concurrencia, y me ordenó a mí el actuario leyese la acta de elección de la Junta, lo que así verifiqué. Después de esto, los Señores Presidente y Vocales por su orden, hincados de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, juraron desempeñar legalmente sus respectivos cargos, conservar íntegros estos dominios al Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las leyes del reino.



Concluida esta ceremonia, dejó el Exmo. Cabildo el lugar que ocupaba bajo de docel, y se colocaron en él los Señores Presidente y Vocales de la Junta: y de allí el Exmo. Señor Presidente dirigió la voz al concurso y al pueblo, incitándoles a la confianza, y manifestándoles que sus ideas y las de la Junta no serían otras que las de propender a la seguridad y conservación de estos dominios, y a mantener el orden, la unión y la tranquilidad pública. Con lo que se concluyó la acta, retirándose los Señores Vocales, por entre un numerosísimo concurso, a la real Fortaleza, con repiques de campanas y salva de artillería en aquella, a donde pasó inmediatamente, el Exmo. Cabildo a cumplimentar a los Señores Vocales. Y lo firmaron, de que doy fe."

Juan José Lezica - Martín Gregorio Yanis - Manuel Mancilla - Manuel José de Ocampo - Juan de Llano - Jaime Nadal y Guarda - Andrés Domínguez - Tomás Manuel de Anchorena - Santiago Gutiérrez - Dr. Julián de Leiva - Baltazar Hidalgo de Cisneros - Cornelio de Saavedra - Dr. Juan Nepomuceno Sola - Dr. Juan José Castelli - José Santos de Inchaurregui - Licenciado, D. Justo José Núñez, Escribano público y de Cabildo



El Cabildo Abierto del 25 de mayo de 1810 destituye al Virrey Cisneros y nombra una Junta Provisional Gubernativa. Parte del texto del Acta decía así:



"En la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos diez, sin haberse separado de la Sala Capitular del Excelentísimo Cabildo, se colocaron a la hora señalada bajo de dosel, con sitial por delante, y en él, la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios, comparecieron los Señores Presidente y Vocales electos de la nueva Junta Provisoria Gubernativa:

Don Cornelio de Saavedra, Doctor Juan José Castelli,  Licenciado Manuel Belgrano,
Don Miguel de Azcuénaga,  Pbro. Doctor Manuel Alberti, Don Domingo Matheu  y  Don Juan de Larrea, y los Señores Secretarios, Doctor Juan José Paso y Doctor Mariano Moreno,  quienes ocuparon los lugares que les estaban preparados, colocándose en los demás los Prelados, Jefes y Comandantes y personas de distinción que concurrieron... Seguidamente (el Presidente), hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar lealmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano, el Señor Don Fernando Séptimo y sus legítimos sucesores y guardar las leyes del Reino..."









La Junta Provisoria queda instalada:
 

"En la muy noble y muy leal Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos diez, sin haberse separado de la Sala Capitular los Señores del Excelentísimo Cabildo, se colocaron a la hora señalada bajo el dosel, con sitial por delante, y en él la imagen del Crucifijo, y los Santo Evangelios; comparecieron los señores Presidente y vocales electos de la nueva Junta provisoria gubernativa (sigue la nómina de los miembros), quienes ocuparon los respectivos lugares que les estaban preparados... y habiéndose leído por mí, el actuario, el acta de elección, el Señor Presidente electo... seguidamente hincado de rodillas, y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano el señor don Fernando Séptimo, y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las Leyes del Reino.
... Finalizada la ceremonia dejó el Excelentísimo Cabildo el lugar que ocupaba bajo de dosel, y lo tomaron el señor Presidente y Vocales de la Junta; y el señor Presidente exhortó al concurso, y al Pueblo a mantener el orden, la unión, y la fraternidad, como también a guardar respeto, y hacer el aprecio debido de la persona del Excelentísimo señor don Baltasar Hidalgo de Cisneros, y toda su familia; cuya exhortación repitió en el balcón principal de las Casas Capitulares, dirigiéndose a la muchedumbre del Pueblo que ocupaba la Plaza. Con lo que se concluyó el acta de instalación retirándose dicho señor Presidente, y demás señores vocales, y Secretarios a la Real Fortaleza por entre un inmenso concurso con repiques de campanas, y salva de artillería..."
*Acuerdos del Extinguido Cabildo





Medidas de Gobierno 
      

Durante los siete meses que duró su gestión (25 de mayo - 18 de diciembre), la Junta Provisional trató de afianzarse pese a las dificultades que se le presentaron con la Real Audiencia, el Cabildo, la resistencia de Córdoba y los preparativos bélicos del virrey del Perú, Fernando de Abascal.
La Junta envió a las autoridades del interior una Circular el día 27 de mayo para informarles acerca de la situación en Buenos Aires y pedirles que enviaran representantes que se irían incorporando a la Junta a medida que llegaran a la capital.
Para asegurar el triunfo de la revolución la Junta envió expediciones militares a Córdoba, al Alto Perú, al Paraguay y a la Banda Oriental.


Entre las medidas de gobierno de carácter social que realizó el primer gobierno patrio merece destacarse la concesión de derechos políticos a los aborígenes y la elaboración de normas para facilitar la venta de terrenos a los agricultores.
En el aspecto económico, favoreció el libre comercio, redactó un nuevo reglamento para la actividad comercial, ordenó la apertura de puertos como Maldonado y La Ensenada, persiguió el contrabando y protegió la industria minera.










19 y 20 de diciembre de 2001:
Cuando el Pueblo supo de qué se trata...


Ilustración Lero Rosales
lerorosales.blogspot.com



Dientes de cordero
En memoria del “argentinazo”

Dientes de cordero, sobre la ciudad
Árboles de fuego, para Navidad
Ollas que destellan, en la noche azul
Abollada estrella, vieja Cruz del Sur

Los lobos ahora se excitan,
tiemblan frente a la TV
Aunque el plan sale de prisa
El plan va saliendo bien
Dientes de cordero, cruzan la ciudad
Gritan su deseo de justicia y libertad

Despertar de un sueño turco y sin nariz
Carnaval del hambre, se fue la perdiz
Piquetes y horcas, muerte en el corral
El poder es ciego, no puede escuchar

Me duele la risa, me duele cantar
Basta de cornisas, basta de saltar
Y ahora quien se viene y ahora quien se va
Dientes de cordero, ¡muerdan sin soltar!

Sangre en la vereda, en el palacio gris
Sangre en la escalera, en la tuya bajo tu nariz
Miles de pueblitos - villas, crecen en el interior
Feudos medievales donde, te llaman "señor"
La escuela no abre, cierra el hospital
Sentís el latido ¡lobo!, de la yugular.






Estribillo:
Me duele la risa, me duele cantar,
basta de cornisas, basta de saltar.
Y ahora quien se viene, y ahora quien se va
dientes de cordero, ¡muerdan sin soltar!...


Coro:
Luz de nacimiento
sea tu dolor
que la noche es larga y
¡como quema el sol!
Intérpretes: Los piojos 




Memoria del saqueo, del realizador argentino Fernando Solanas
(1 de 12 videos que invitamos a ver):
Capítulo I: "El pueblo ¡no se va!" Dientes de cordero, muerdan sin soltar

 


Una gestación de 200 años 


(Por favor detenga la música de época antes de ver el video.
Gracias)





Actor y escenario de los nuevos tiempos

El cabildo fue en América Hispana una corporación municipal con múltiples funciones, acorde a los viejos ayuntamientos o municipios castellanos de la edad media. Se lo creaba al fundarse una ciudad, según lo estipulaban las Ordenanzas de Población. Para ser miembro del cabildo solo se exigía al vecino que supiera leer y escribir. Proyectaba ordenanzas de buen gobierno, fijaba los impuestos, establecía disposiciones edilicias, policiales, de abasto, otorgaba tierras, creaba escuelas, hospitales, administraba los mercados.
En casos de extrema gravedad era convocado el cabildo abierto, al que concurrían las autoridades civiles, eclesiásticas, militares, junto con la parte mas representativa de los ciudadanos.
En el virreinato del Río de la Plata –fundado en 1776- la primera convocatoria a cabildo abierto lo originó la invasión inglesa. El mas famoso sin embargo es sin dudas el cabildo abierto del 22 de mayo, prolegómeno del nacimiento de la Nación Argentina.



El cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, en el Rio de la Plata

Como ya dijimos el 20 de mayo el Virrey fue obligado a dejar el mando en poder del Cabildo que lo dejaría a cargo de la autoridad elegida por el pueblo. Cisneros, en una proclama al pueblo de Buenos Aires, sustenta la lealtad de esta ciudad hacia el Rey de España, pretendiendo debilitar el poder de autoridad del Cabildo. Sin embargo el 22 presionado por los criollos liderados por Manuel Belgrano y Cornelio Saavedra –jefe de las milicias- convoca a Cabildo Abierto.
El objetivo de la reunión era -ante los sucesos en España- tomar una decisión sobre la continuidad en el cargo del Virrey , ya que el Rey Fernando VII, estaba prisionero de los franceses y por lo tanto, Cisneros no tenía autoridad para tomar decisiones y decía la regla que en esos casos la autoridad volvía al pueblo representado por el Cabildo.
A la sesión concurrieron 56 militares, 4 marinos, 18 alcaldes de barrio, 24 clérigos, 20 abogados, 4 escribanos, 4 médicos, 2 miembros de la audiencia, 2 miembros del Consulado, 13 funcionarios, 46 comerciantes, 18 vecinos y 15 personas sin calificación. Totalizaron 251 concurrentes, a pesar de que se proyectaron 600 invitaciones, que se vieron reducidas por vía de selección a 450, y por presión de los criollos, muchos concurrentes se vieron imposibilitados de acceder a la Plaza.
El primer expositor fue el obispo Lué, quien en su discurso se manifestó por la continuidad de la dominación española en América, confiriéndole esa potestad a cualquier español libre de la dominación francesa.
El abogado Juan José Castelli se pronunció por la soberanía del pueblo de Buenos Aires quien la había adquirido, por la disolución de la Junta Central, que tenía poderes indelegables, por lo tanto no eran legítimos los atribuidos al Consejo de Regencia.
El fiscal Villota basó su argumentación de defensa del poder español, en que Buenos Aires no podía por sí sola atribuirse la representación de toda la América española Además, rescató la legitimidad del Consejo de Regencia, al haber sido reconocido por los pueblos.




El abogado Juan José Paso, reconoció que Buenos Aires no podía decidir por sí sola, pero se subsanaría ese defecto necesario, ya que la decisión de la cuestión era urgente, estableciendo un gobierno provisorio que luego, se transformaría en definitivo, cuando pudiera hacerse la consulta general.
Ruiz Huidobro, militar, apoyó la destitución del virrey al haber cesado en su cargo Fernando VII, en cuya representación gobernaba.
La votación se realizó en forma pública. Por la destitución del virrey se expresaron 162 votos y 64 por su continuidad, cuyo recuento por lo avanzado de la hora se realizó el 23 de mayo. La fórmula más votada fue la de entregar el mando al Cabildo de la capital, quien establecería el modo de designación de una Junta, posición que coincidía con la opinión de Cornelio Saavedra.



"Cisneros se levantó lleno de fuego..."

A diferencia de otras regiones de la América hispana, la deposición del Virrey, en el Río de la Plata, durante la invasión napoleónica a España, no fue seguida de su prisión y/o muerte.


El episodio está muy bien narrado por uno de los protagonistas el militar y político Martín Rodríguez:



Esa tarde no se permitió salir a ningún soldado después de la lista. Todos quedaron encerrados en sus cuarteles y completamente municionados, ignorando todos los motivos de esa novedad, como lo ignoraba también el pueblo.

Empezábamos pues, a tratar sobre los primeros pasos que debían darse, y se resolvió mandar una comisión a intimar a Cisneros la cesación del mando.

Resultó el nombramiento en el doctor Castelli y yo, y para asegurarnos mejor, pedimos que el comandante de granaderos de infantería Terrada fuese con nosotros; pues su batallón estaba acuartelado en el fuerte, y bajo los balcones españoles temíamos que, al momento de la intimación, se asomase Cisneros a un balcón, llamase a los granaderos y nos hiciese amarrar.

El comandante Terrada fue con nosotros, se puso a la cabeza de sus granaderos y nosotros subimos. Entramos a la sala de recibo y encontramos allí a Cisneros jugando a los naipes con el brigadier Quintana, el fiscal Caspe y un tal Goicoelea, edecán suyo. Nos dirigimos a la mesa. Tomó la palabra Castelli y dijo: “Excelentísimo señor tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a V. E. la cesación en el mando del virreinato.”



A la vez se levantaron todos, al oír tal afirmación Cisneros se levantó lleno de fuego hacia Castelli, diciendo que qué atrevimiento era aquél. “Que como se atropellaba la persona del rey, que él representaba, que era el mas grande atentado que allí se podía cometer contra la autoridad”. Castelli le contestó”que no se acalorase que la cosa no tenía remedio”. Entonces tomé yo la palabra y le dije: “Señor cinco minutos es el plazo que se nos ha dado para volver con al contestación; vea V. E. lo que hace”. Entonces Caspe lo llamó a su despacho, estuvieron un momento juntos, salieron y Cisneros, mas templado, nos dijo: “Señores cuanto siento los grandes males que van a venir sobre este pueblo de resultas de este paso. Bien pues, puesto que el pueblo no me quiere, y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran”. Entonces nos despedimos y al dar la vuelta nos dice: “y bien señores, ¿qué es lo que ustedes piensan respecto de mi persona y familia?”. Castelli le contestó: “Señor, la persona de V. E. y su familia están entre americanos, y esto debe tranquilizarlo”. Salimos de allí y nos dirigimos a la casa de la reunión, diciendo “Señores, la cosa es hecha: Cisneros ha cedido de plano y dice que hagamos lo que queramos”. Nos empezamos a abrazar, a dar vivas, a tirar los sombreros por el aire.



En el acto salieron Berutti, Peña y Donado, con varios criados y canastas, a recolectar todos los dulces y licores que hubiese en las confiterías. Se puso una gran mesa en casa de Rodriguez Peña, que duro tres días cubriéndose de continuo para que entrara todo el mundo que quisiese a refrescarse.

Esa misma noche fuimos a casa del señor Leyva, que era el primero de los abogados y asesor de casi todos los virreyes( incluso Cisneros), Saavedra, Castelli, el doctor Paso, Balcarce y yo, y le hicimos presente el paso que acabábamos de dar. Él nos preguntó donde estaba Cisneros. Le dijimos que en el fuerte. “Supongo –replicó- que estará preso allí." Y diciéndole que no nos dijo que hacíamos muy mal, que el primer paso que habíamos de dar era asegurar la persona del virrey.


Martín Rodriguez, Memoria autobiográfica











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